Hernán “Sapito” Encina, exjugador argentino que vistió la camiseta de Barcelona SC en 2009, puso sobre la mesa una realidad que muchas veces queda fuera de la conversación cuando se habla del fútbol profesional, llegar a Primera División no significa necesariamente quedar económicamente resuelto para toda la vida. El rosarino, que actualmente tiene 43 años, desarrolló una extensa carrera, disputó 366 partidos oficiales y pasó por equipos de Argentina, México y Ecuador, pero su situación actual está lejos de la imagen de riqueza que suele asociarse con un futbolista profesional. Hoy trabaja como albañil junto a su padre, una actividad que contrasta con los años en los que vivió del fútbol.
Encina cuestionó precisamente la idea de que todos los jugadores que consiguen llegar al máximo nivel terminan acumulando grandes fortunas. En su caso, haber jugado en un club de la dimensión de Barcelona SC y haber construido una carrera de varios años no significó convertirse en millonario. El argentino explicó que la verdadera diferencia económica la consigue un grupo reducido de futbolistas, principalmente aquellos que logran contratos importantes, tienen carreras prolongadas en mercados de mayor poder adquisitivo o consiguen realizar inversiones que les permiten mantener sus ingresos después del retiro.
Hernán Encina llegó a costar 900 mil durante su carrera profesional
Durante su etapa como futbolista, Hernán Encina llegó a alcanzar una valoración de mercado de 900 mil euros, de acuerdo con los registros de Transfermarkt. Su cotización máxima se produjo entre 2008 y 2010, precisamente durante una etapa importante de su trayectoria profesional. El dato refleja que el argentino llegó a tener un valor considerable dentro del mercado, aunque una valoración de un futbolista no representa necesariamente el dinero que recibe directamente ni equivale a su patrimonio personal. El precio estimado de un jugador responde a factores deportivos y de mercado, mientras que sus ingresos dependen de contratos, salarios, primas y otros acuerdos.
Por eso, la historia del “Sapito” también permite entender la diferencia entre valor de mercado y riqueza personal. Un jugador puede aparecer tasado en cientos de miles o incluso millones de euros y, aun así, no terminar su carrera con una fortuna que le permita vivir sin trabajar. Encina tuvo una trayectoria extensa, pero pasó buena parte de ella por clubes y mercados en los que las condiciones económicas no son comparables con las de las grandes estrellas del fútbol mundial. Su situación actual demuestra que el dinero que circula alrededor del fútbol no se distribuye de la misma manera entre todos los profesionales que consiguen llegar a Primera División.
Hernán “Sapito” Encina compartió vestuario en Barcelona SC con íconos del fútbol nacional
La etapa de Encina en Barcelona SC también quedó marcada por haber compartido vestuario con varios futbolistas que tuvieron un recorrido importante en el fútbol ecuatoriano. Durante su paso por el conjunto amarillo coincidió con nombres como Geovanny Nazareno, Matías Oyola, Pablo Palacios o Juan Luis Anangonó, entre otros jugadores que dejaron su huella en distintos equipos del país. Aquella experiencia le permitió formar parte de un plantel de uno de los clubes más importantes de Ecuador y sumar otro capítulo a una carrera que se extendió por diferentes equipos y países.
A sus 43 años, la vida de Encina es muy diferente a la que tuvo durante sus años como profesional, y su trabajo como albañil junto a su padre pone nuevamente el foco sobre lo que ocurre con muchos futbolistas después del retiro. Su caso no significa que su carrera haya sido un fracaso; por el contrario, disputar 366 partidos oficiales y jugar en distintos países representa una trayectoria considerable. Sin embargo, también deja una reflexión sobre la necesidad de administrar correctamente los ingresos obtenidos durante la carrera y entender que la etapa como futbolista tiene una duración limitada.







