Cuando jugábamos con Liga de Quito en Guayaquil sabíamos que el partido empezaba mucho antes del pitazo inicial. No era solamente enfrentar a Barcelona Sporting Club o a Club Sport Emelec dentro de la cancha, sino soportar un ambiente muy complicado desde nuestra llegada a la ciudad. Recuerdo que muchas veces nos trasladábamos en un bus antiguo y durante el recorrido recibíamos insultos, objetos lanzados desde distintos puntos e incluso piedrazos que convertían ese trayecto en un momento de mucha tensión para todo el plantel.
Siempre he dicho que "el llegar al estadio Capwell o al estadio de Barcelona, siendo de Liga, te caían piedrazos de cualquier lado". Era una situación muy difícil de manejar porque, en varias ocasiones, sentíamos que las medidas de seguridad no eran suficientes para proteger a los equipos visitantes. La Policía estaba presente, pero desde nuestra percepción no hacía mayores esfuerzos para evitar esos incidentes, por lo que muchas veces había que concentrarse en mantener la calma antes de disputar un partido.
El ambiente hostil es algo habitual en Sudamérica
Lamentablemente, este tipo de escenarios no son exclusivos del fútbol ecuatoriano, sino que forman parte de una realidad que durante muchos años ha acompañado a distintos torneos sudamericanos. En varios países, los equipos visitantes han tenido que convivir con recibimientos hostiles, caravanas complicadas e incluso ataques contra los buses que transportan a los jugadores, situaciones que no deberían formar parte del espectáculo deportivo.
Uno de los casos más recordados ocurrió en Argentina durante la final de la Copa Libertadores entre River Plate y Boca Juniors, cuando el autobús del conjunto xeneize fue atacado antes del partido. Ese episodio terminó obligando a suspender el encuentro y posteriormente trasladar la definición a Madrid, demostrando que la violencia alrededor del fútbol sigue siendo un problema que afecta a toda la región y que requiere mayores controles por parte de las autoridades.
Al final el Clásico del Astillero no tuvo muchas emociones en la cancha
Paradójicamente, después de toda la expectativa generada alrededor del Clásico del Astillero, el partido terminó ofreciendo muy poco desde el punto de vista futbolístico. El empate 0-0 en el estadio George Capwell dejó la sensación de que ambos equipos priorizaron el orden defensivo por encima de la búsqueda del triunfo, lo que provocó un compromiso con escasas ocasiones claras de gol y pocas emociones para los aficionados.
Muchos incluso lo calificaron como uno de los clásicos más aburridos de la historia por la falta de intensidad ofensiva y de situaciones determinantes en las áreas. Al final, gran parte de la conversación posterior al encuentro se centró más en los incidentes ocurridos fuera del estadio que en lo sucedido sobre el terreno de juego, algo que refleja cómo los acontecimientos extradeportivos terminaron teniendo mucho más protagonismo que el propio espectáculo futbolístico.







