La salida de Tiago Nunes de Liga de Quito no habría surgido como una determinación repentina ni como consecuencia exclusiva de los últimos resultados. De acuerdo con la información conocida, el entrenador brasileño ya tenía tomada la decisión de terminar su etapa en el conjunto albo antes del Mundial, hasta el punto de que su familia se encontraba preparada para regresar a Brasil. La dirigencia universitaria, sin embargo, logró convencerlo de permanecer durante un tiempo más para darle continuidad al proyecto deportivo y evitar un cambio de entrenador en un momento importante de la temporada.
La intención de los directivos habría sido sostener la estabilidad del equipo y mantener al técnico que había liderado la planificación del plantel. La continuidad de Nunes permitía evitar modificaciones inmediatas en la metodología de trabajo, el esquema táctico y la relación con los jugadores. Por ese motivo, la dirigencia realizó gestiones para que reconsiderara su postura y aceptara continuar, al menos de manera temporal, al frente del equipo.
El entrenador habría accedido a prolongar su permanencia, pero su decisión inicial nunca habría cambiado completamente. Aunque continuó cumpliendo sus funciones y dirigiendo al plantel, su deseo de cerrar el ciclo aparentemente se mantuvo. Con el paso del tiempo, la dirigencia habría comprendido que el brasileño ya no tenía la intención de encabezar el proyecto a largo plazo y que insistir en su continuidad podía afectar la planificación deportiva.
La dirigencia buscó mantener la estabilidad del proyecto albo
Liga de Quito apostó por retener a Tiago Nunes porque consideraba importante conservar una línea de trabajo ya establecida. La salida de un entrenador obliga a encontrar un reemplazo, negociar condiciones contractuales y permitir que el nuevo cuerpo técnico conozca al plantel. Además, una modificación en el banquillo puede producir cambios en las funciones de los jugadores, el sistema de juego y la preparación física.
Por esa razón, los directivos lograron que Nunes pospusiera su partida. La prioridad era proteger al equipo de una transición apresurada y darle continuidad a una planificación que ya estaba en marcha. Sin embargo, la permanencia del brasileño habría estado condicionada por una decisión personal que había tomado anteriormente.
La situación también demuestra que existió diálogo entre ambas partes. La dirigencia intentó encontrar una solución que beneficiara al club, mientras que el entrenador aceptó permanecer durante un periodo adicional. Pese a ese acuerdo, el escenario terminó conduciendo a la separación cuando quedó claro que no existía la voluntad necesaria para continuar.
El final de un ciclo que ya estaba decidido
La salida definitiva de Tiago Nunes habría confirmado una postura que el técnico mantenía desde antes del Mundial. Su familia tenía previsto volver a Brasil y el entrenador ya contemplaba cerrar su etapa en Ecuador, por lo que la decisión posterior únicamente habría aplazado un desenlace que parecía inevitable.
Para Liga de Quito, el desafío ahora será encontrar a un entrenador comprometido con el nuevo proyecto deportivo y capaz de asumir rápidamente el manejo del plantel. La dirigencia deberá evaluar diferentes perfiles y tomar una decisión que garantice estabilidad durante el resto de la temporada.
El caso de Nunes deja claro que la continuidad de un técnico no depende únicamente de los resultados. También influyen las decisiones familiares, la motivación personal y la voluntad de seguir liderando un proceso. Liga consiguió retenerlo temporalmente, pero finalmente entendió que el brasileño ya había decidido poner fin a su ciclo en el club.







