(VIDEO) Fue campeón e hizo 70 goles con BSC, iba a ir al AC Milan pero perdió la vida en un accidente de tránsito
El destino impidió que de el salto a uno de los grandes de Europa, iba a llegar mucho antes que Pervis Estupiñán
La historia del fútbol ecuatoriano guarda un capítulo de profunda nostalgia y misterio en torno a la figura de Carlos Muñoz Martínez, el eterno número siete de Barcelona SC. Conocido por su entrega y capacidad goleadora, Muñoz acumuló setenta goles con la camiseta del ídolo y se consagró campeón, pero su prometedora carrera se vio truncada de forma trágica cuando se encontraba en la cima de su rendimiento.
A finales de 1993, el delantero atravesaba un momento brillante, coronado por un triplete frente a El Nacional apenas tres días antes de su partida. Este desempeño extraordinario despertó el interés de empresarios europeos, y según crónicas de la época, el nombre de Carlitos Muñoz figuraba en una lista corta para reforzar al AC Milan, que en aquel entonces dominaba el fútbol mundial con figuras como Paolo Maldini y Franco Baresi. Se especula que existieron sondeos formales y que el atacante ecuatoriano estaba a una firma de convertirse en un pionero en la liga más poderosa del mundo de ese momento, la Serie A italiana.
Sin embargo, la madrugada del 26 de diciembre de 1993, el destino dictó una sentencia distinta. En el kilómetro treinta y dos de la vía a la costa, el vehículo de Muñoz sufrió un accidente devastador que le arrebató la vida. El suceso ha estado rodeado de leyendas urbanas y versiones contradictorias sobre las circunstancias exactas y los acompañantes de su última noche, detalles que las autoridades de la época manejaron bajo un velo de reserva por respeto a su estatus de ídolo máximo.
El entierro de Carlos Muñoz fue una marea humana que paralizó a Guayaquil, reflejando el inmenso dolor de una hinchada que perdió no solo a su goleador, sino también el sueño de ver a un ecuatoriano en la élite absoluta de Europa. Desde entonces, su figura ha trascendido al plano de la mística, siendo recordado como un guardián invisible del Estadio Monumental y como el delantero que se marchó rápido y joven, dejando un vacío que el tiempo aún no logra llenar.