(VIDEO) Por eso dicen que no lo quieren sus compañeros, mientras todos peleaban esto hizo Deyverson
Deyverson no parece comprometido con el resto de sus compañeros en Liga de Quito, mira lo que pasó
Hay imágenes que dicen más que una rueda de prensa entera. Y en la derrota de Liga de Quito por 1-0 ante Lanús en Argentina, hubo una escena que dejó a muchos hinchas albos con la ceja levantada y la paciencia en el subsuelo.
No fue un gol errado, no fue una mala definición. No fue otra actuación discreta del delantero. Fue algo peor: una desconexión emocional con el partido y con sus propios compañeros.
Todo ocurrió cuando el defensor Gian Franco Allala recibió un durísimo codazo de un futbolista granate en una acción dividida. El uruguayo quedó sentido, reclamando, mientras el plantel entero de Liga salió disparado a encarar al árbitro y a exigir sanción para el rival. Hubo empujones, gritos, reclamos y ese típico momento de “acá estamos todos con el nuestro”.
Porque mientras sus compañeros se metían en la trifulca para respaldar a Allala, Deyverson tomó un camino insólito: se apartó del conflicto, caminó hacia un jugador de Lanús y se puso a conversar con él de la manera más amistosa posible. Hubo sonrisa, hubo abrazo y hubo una tranquilidad impropia de un partido caliente de Copa Libertadores.
La imagen no tardó en explotar en redes y en grupos de hinchas. Porque una cosa es tener personalidad relajada; otra muy distinta es transmitir que te da exactamente lo mismo lo que está pasando alrededor. Y eso es lo que terminó molestando: la sensación de que Deyverson estaba en otro canal mientras el resto intentaba defender el escudo.
El brasileño llegó a LDU como fichaje top, pedido expresamente por Tiago Nunes para aportar jerarquía, experiencia y carácter competitivo. La dirigencia lo vendió como un atacante de peso internacional, curtido en batallas grandes y dispuesto a “defender el escudo a muerte”.
Pero hasta aquí, entre pocas cifras goleadoras y varios episodios teatrales, su aporte está dejando más preguntas que certezas. Porque el problema ya no pasa solo por si convierte o no convierte. Pasa por cómo se lo percibe dentro de la cancha: a veces lejos del ritmo del equipo, lejos de la intensidad… y ahora, aparentemente, lejos hasta del espíritu de grupo.