(VIDEO) El jugador ecuatoriano que era tan malo que tuvo que hacerse pasar por peruano, mira quién es

El jugador ecuatoriano tuvo que hacerse pasar por peruano, su rendimiento no daba para jugar en el país

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Selección Ecuatoriana
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Foto de David Alomoto
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El fútbol sudamericano guarda en sus archivos uno de los casos de suplantación de identidad más insólitos y descarados de la historia. Se trata de Juan Carlos Espinoza, un futbolista ecuatoriano que, consciente de no tener el nivel suficiente para destacar en la selección de su país, decidió cruzar la frontera y transformarse mágicamente en Max Barrios para jugar por la selección de Perú.

El engaño estalló durante el Sudamericano Sub-20 de 2013 en Argentina. Mientras el mundo creía observar a una joven promesa de diecisiete años nacida en Sullana, en realidad se trataba de un hombre de veinticinco años, con esposa e hijos, que ya acumulaba casi una década de trayectoria en el fútbol profesional de Ecuador. La mentira comenzó a desmoronarse cuando jugadores ecuatorianos como Jonny Uchuari y miembros del cuerpo técnico de la Mini-Tri lo reconocieron en plena cancha, recordando que Espinoza había sido su compañero en la Liga de Loja años atrás.

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Detrás de este fraude biológico se encontraba Ángel Maradona Barrios, quien presentó documentos falsificados para sostener la farsa de que el jugador era su hijo biológico. La ventaja deportiva era evidente: un hombre en la plenitud de su fuerza física compitiendo contra adolescentes cuyos cuerpos aún estaban en formación. Tras las pruebas presentadas por la delegación ecuatoriana ante la Conmebol, el supuesto Max Barrios abandonó la concentración en Mendoza y huyó por tierra para evitar a las autoridades.

Las consecuencias legales no tardaron en llegar, terminando con el padre ficticio en prisión por falsificación de documentos. Por su parte, Juan Carlos Espinoza intentó retomar su carrera en la segunda categoría de Loja con su identidad real, pero el estigma del fraude lo persiguió de forma definitiva. Este caso no solo terminó con su carrera, sino que obligó a la FIFA y a las confederaciones a endurecer los controles de identidad para evitar que se repitan infiltrados con ventajas injustas en los torneos formativos.

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