Mucha gente piensa que después de ganar la Copa Libertadores vivimos la mejor fiesta de nuestras vidas, pero la verdad es que el festejo estuvo malísimo. Suena raro decirlo, pero prácticamente no tuvimos tiempo para celebrar como uno se imagina después de conquistar el torneo más importante de Sudamérica. Después de ganar la final en el Maracaná nos quedamos durante varias horas en el estadio entre la premiación, las entrevistas, las fotos y todos los compromisos que había que cumplir. Cuando finalmente salimos, llegamos al hotel completamente molidos del cansancio. Lo único que queríamos era descansar un poco porque había sido una noche de muchísima tensión.

El viaje de regreso tampoco permitió celebrar

Al día siguiente prácticamente seguimos viajando. Tuvimos una escala en Manaos para cargar combustible al avión y ese fue uno de los pocos momentos en los que pudimos relajarnos un poco.

Recuerdo que algunos aprovecharon para comprar unas cervezas y compartir entre nosotros. Fue algo muy tranquilo, porque el cansancio seguía siendo enorme después de todo lo que habíamos vivido en Brasil.

La verdad es que no hubo una gran fiesta dentro del avión ni nada parecido. Todos estábamos felices por haber conseguido la Copa Libertadores, pero el desgaste físico y emocional era muy grande.

En Quito solo vivimos una caravana inolvidable

Cuando llegamos a Quito tampoco hubo tiempo para una celebración privada. Lo que vivimos fue una caravana espectacular junto a toda la gente.

Las calles estaban completamente llenas. Había miles y miles de personas esperando al equipo para agradecer lo que habíamos conseguido. El recorrido por la ciudad duró varias horas porque prácticamente no podíamos avanzar de tanta gente que salió a festejar con nosotros.

Fue emocionante ver a todo un país celebrando ese título histórico, pero al mismo tiempo eso hizo que tampoco existiera un momento para reunirnos como grupo y hacer una gran fiesta entre nosotros.

Por eso siempre digo que el festejo de la Libertadores estuvo malísimo, no porque no estuviéramos felices, sino porque casi no tuvimos tiempo para celebrar. Entre el Maracaná, el viaje de regreso y la interminable caravana en Quito, la Copa la disfrutamos más con el paso de los años que en esos primeros días después de haber hecho historia con Liga de Quito.