Hay recuerdos que uno guarda con orgullo y otros que simplemente acepta porque forman parte de la historia. En mi caso, uno de los episodios más particulares que me tocó vivir ocurrió en 2020, cuando tuve que entregar el trofeo de campeón a Barcelona SC después de que consiguiera el título en el estadio Rodrigo Paz Delgado, la casa de Liga de Quito. Mucha gente cree que lo hice con gusto o que fue una decisión personal, pero la realidad fue muy distinta. Si hubiera dependido de mí, probablemente habría preferido no estar en ese momento. Sin embargo, era parte del protocolo establecido para la ceremonia de premiación y había que cumplir con esa responsabilidad.

Recuerdo que antes de la premiación conversé con varias personas y expresé que no me sentía cómodo participando en ese acto. Como hincha y como alguien identificado con Liga de Quito, entendía perfectamente lo que significaba para la afición ver a un exjugador histórico entregando el trofeo al clásico rival. Era una situación difícil de asimilar, pero también entendía que representaba un rol institucional y que debía actuar con profesionalismo.

Al final acepté porque las decisiones ya estaban tomadas y no era un asunto personal. En esa ceremonia también estuvo presente Pulgarcito Izquierdo, un ídolo identificado con Barcelona SC, por lo que ambos representábamos la historia de nuestros respectivos clubes durante la entrega del trofeo.

Una ceremonia marcada por la lluvia y un apagón inesperado

Aquella noche ocurrió algo muy particular que muchos recuerdan hasta hoy. Mientras se desarrollaba la premiación comenzó una fuerte lluvia y, además, se produjo un corte de energía eléctrica en el estadio. Esa combinación hizo que gran parte del acto pasara casi desapercibido para quienes seguían la transmisión o estaban presentes en Casa Blanca.

Con el paso de los años, incluso suelo bromear diciendo que casi nadie me vio entregando esa copa precisamente por esas circunstancias. La lluvia y el apagón terminaron desviando la atención hacia otros aspectos de la jornada, dejando aquel momento en un segundo plano.

Aunque fue una experiencia incómoda desde lo emocional, nunca dejé que eso cambiara el respeto que siento por mi profesión y por el fútbol ecuatoriano. Hay situaciones que uno no elige, pero que debe afrontar con responsabilidad.

El respeto por Liga nunca cambió

Muchos aficionados me preguntan todavía cómo viví ese momento y si me arrepiento de haber estado allí. La respuesta siempre es la misma: mi sentimiento por Liga de Quito nunca cambió. Haber participado en esa ceremonia no significó celebrar el título de otro equipo ni mucho menos dejar de lado la historia que construí con la camiseta alba.

Simplemente cumplí con un protocolo que me correspondía en ese momento. Mi identidad como jugador de Liga permanece intacta y el cariño de la hinchada también se ha mantenido con el paso del tiempo.

El fútbol está lleno de episodios inesperados y ese fue uno de ellos. Hoy puedo recordarlo con tranquilidad, entendiendo que forman parte de una carrera que me regaló momentos extraordinarios y también situaciones poco comunes. Entregar aquella copa en Casa Blanca probablemente fue una de las experiencias más difíciles que me tocó vivir fuera de una cancha, pero también una muestra de que el profesionalismo muchas veces obliga a cumplir responsabilidades incluso cuando el corazón quisiera estar en otro lugar.